La
relación entre árbitros y entrenadores siempre ha sido muy polémica hasta
llegar a dar la sensación de que existe una guerra entre ambos bandos. Que en
un campo las dos partes no lleguen a entenderse en pocas situaciones, no es del
todo anormal. El problema es cuando se extrapola y se llega a lo absurdo
dejando de dedicarse cada uno a su trabajo y estando más pendiente del trabajo
del otro o, incluso, sacándolo del terreno de juego.